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lunes, 30 de julio de 2007

O blogueas, o caducas

He de confesar, y confieso, que estoy abrumada por tanta novedad bloguera: que si podcast, que si videocast, que si realidad virtual (second life), y un laaaargo etcétera.

Y sigo confesando: no sé de dónde sacáis tantas energías y tiempo para absorber tanta información, lo único que se me ocurre es que suméis las horas reales con las de vuestra otra vida virtual, porque sino, es matemáticamente imposible.

...y seguimos con las confesiones: muchas de estas herramientas las tengo apartadas en un rinconcito de mi mente, esperando un momento oportuno para acercarme a ellas, perderles el miedo y aprovechar para lanzarme sobre ellas, pero sé que cuando esto ocurra, seguramente ya me llevaréis un buen camino de ventaja.

Confieso que no quiero quedarme atrás, pero con tanto ajetreo entre preparar mis clases, las clases en sí, preparar todos los papeleos y demás asuntos para mi viaje a China, no dispongo de todo el tiempo que quisiera.

Por otro lado, también he de confesar que me he enganchado tanto a esto, que es una gran motivación para seguir y seguir y seguir empeñada en ello. Soy muy terca, qué se le va a hacer, jeje.

domingo, 29 de julio de 2007

Letras y Letras


Así es como se llama la nueva versión del archiconocido Cifras y Letras que ideé para la clase de conversación (nivel B1).


¿En qué consiste?


Dividí la clase en 3 equipos de 4 personas cada uno.


El "concurso" constó de tres pruebas: dos pruebas que iba alternando (a razón de 1 punto cada prueba), y una prueba final, que valía 2 puntos.


Primera prueba


Material necesario: cartulinas tamaño folio de diferentes colores. Cada color hará referencia a un tipo diferente de categoría gramatical y/o semántica (verbos, sustantivos, adjetivos, conectores, y dentro de los sustantivos, por ejemplo, podemos tener personas o cosas).


Recortamos las cartulinas en pequeñas tarjetitas. En cada una de estas tarjetitas escribiremos una palabra, de acuerdo con esta división de la que hemos hablado.


En clase: Coloqué estas tarjetitas boca abajo encima de mi mesa, y cada equipo tenía que decirme un color. Yo le daba la vuelta a la primera tarjeta del montoncito en cuestión, y leía la palabra en voz alta. Acto seguido, la escribía en la pizarra. Así hasta 9 veces, es decir, 3 rondas.


Utilizando obligatoriamente estas 9 palabras, cada grupo tenía que crear una pequeña historia. Tenían aproximadamente 5 minutos para ello: discutir cómo iba a ser la historia, y escribirla.


Finalizado este tiempo, equipo por equipo, leían en voz alta su historia a toda la clase. Todos tenían que estar atentos, ya que, finalizadas las lecturas, cada uno de los componentes de los equipos debía votar por una de las dos historias contrarias.

El equipo que más votos había recibido, era el que obtenía un punto.


Segunda prueba


Material necesario: un Scrabble, ese juego de mesa en el que el objetivo es formar palabras sumando puntos.


Separé vocales de consonantes y las moví un poco.


Cada grupo tenía que elegir entre vocal y consonante.


La profe, cual azafata de televisión, leía en voz alta la ficha que había cogido del montoncito al azar, y escribía en la pizarra la letra. Así hasta 6 veces (es decir, 2 rondas).


Con esas 6 letras, los equipos debían formar una palabra en español. Todo valía: diccionarios, singular, plural, verbos conjugados...


El equipo que utilizara más letras para formar la palabra, ganaba un punto (si coincidía más de un equipo con el mismo número de letras utilizadas, punto para ambos equipos).


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Fuimos alternando la prueba 1 y la prueba 2 para que no se hiciera tan pesado. En total fueron tres turnos de la prueba 1 y tres más de la prueba 2.


Prueba final




18 fichas por equipo (me quedé dos fichas para que todos tuvieran el mismo número).

El equipo que antes se quede sin fichas, es el que obtiene los últimos dos puntos de la jornada.


Recuento de puntos y se acabó lo que se daba... eso sí, 15 minutos después de la hora oficial de finalización de la clase, puesto que hasta que no acabaron por completo la última prueba, no se quiso mover ni uno de su sitio, jeje.


martes, 24 de julio de 2007

Dándole la vuelta a la tortilla

A raiz de leer la entrada publicada en el blog de mr1b3l sobre los consejos que podemos dar a un profesor novato, y que está basada en los consejos que le dio Leonor a un profe en el suplemento ocasional, me he propuesto darle la vuelta a la tortilla y preguntaros qué consejos le darías a un profe sobre lo que NO debe hacer.

A ver si entre todos conseguimos hacer algo parecido a un Decálogo del buen profesor, pero que, por favor, espero no se parezca a este, jeje:


1. Nunca comuniques a tus alumnos los objetivos de la asignatura si es que alguna vez los has pensado. Los alumnos podrían llegar a darse cuenta de que la asignatura es inútil.

2. La información es fuente de poder: si no quieres perderla manténte siempre en cierta ambigüedad. No des normas claras, ni mucho menos digas qué y cómo vas a evaluar. Te expones a perder autoridad o que tus alumnos dejen de venir a clase. ¿Para qué iban a hacerlo? Cuanto menos te definas estarás más a salvo de las críticas.

3. Empéñate en explicar toda la asignatura en tiempo de clase: puedes dar por supuesto que tus alumnos no saben leer. Además si no te pasas toda la clase explicando, tus alumnos podrían llegar a darse cuenta de que no sabes otra cosa.

4. Convierte tus clases en clases de dictador. Cuanto más copien tus alumnos, mejor, y cuanto más deprisa, mejor todavía: así no habrá tiempo para preguntas inútiles o incómodas. Si además las cosas van mal, se deberá siempre a los malos apuntes, no a tus explicaciones.

5. Evalúa al final del curso o al final de la evaluación, o con pocos exámenes, o por lo menos –y esto es realmente importante- con muy pocas preguntas. A la emoción del examen añadirás la emoción de la lotería. Y ya sabemos todos que el que no sabe una o dos preguntas no puede saber ninguna otra.

6. No se te ocurra evaluar con frecuencia a lo largo del curso, aunque sea de una manera más sencilla e informal, porque los alumnos podrían enterarse de lo que saben, de lo que no saben y de lo que deberían saber. Si esto llega a ocurrir, te expones a tener que aprobar a todos al final, y sufriría tu prestigio de mantenedor de un alto nivel de exigencia.

7. No caigas en la tentación de guardar artículos de periódicos, revistas que tengan que ver con la asignatura, y mucho menos se te ocurra llevarlos a clase. Mantén el prestigio de la ciencia pura.

8. Nunca confíes en la motivación de tus alumnos ni en su capacidad de aportar algo que merezca la pena. Si se han embarcado en una carrera de cinco años es porque no tienen otra cosa mejor que hacer. Y si se trata de niños, lo mismo pero peor.

9. Convéncete de que somos pobrísimos* y de que la escasez de medios nos impide hacer las cosas mejor. Fotocopiar unos simples apuntes o un sencillo guión es carísimo. Si en tu centro hay posibilidad de utilizar transparencias, audiovisuales u otros cachivaches, no lo hagas: esos juguetes infantilizan la clase.

10. Cuando no puedas echar la culpa a los alumnos de lo mal que van las cosas, échasela a la estructura. Los profesores somos ciudadanos libres de toda sospecha.

*Idem al original. - Extraido de una cita al Dr. Pedro Morales en el libro “Animar con humor”.

sábado, 21 de julio de 2007

Harry Potter: ¿un fenómeno de masas, un fenómeno de marketing, o un gran mago?

Harry Potter, bueno J.K. Rowling en su nombre, ha (o han) conseguido algo de lo que en estos últimos tiempos se dice que los niños y adolescentes andan escasos: interés por la lectura.

En estos días podemos ver una y mil veces en medios informativos lo que algunos ya se atreven a denominar como "el efecto Harry Potter".

Será un fenómeno de marketing, pero lo cierto es que está consiguiendo que miles de jóvenes se interesen por la lectura.

En otros tiempos, la lectura de una obra iba precedida a la posible versión cinemátográfica. Ahora podemos encontrar también el orden inverso: vemos una película basada en una novela, y, si nos ha gustado mucho, nos compramos el libro.

Si esto es así, ¡bienvenidas sean las versiones cinematográficas!

Los profes debemos saber aprovechar estos fenómenos juveniles para motivar a nuestros estudiantes.

Normalmente en la escuela (y en la universidad) hemos tenido que leer libros con los que no nos hemos sentido en nada atraídos: sí, las archiconocidas lecturas obligatorias, que ya con ese nombre invitan a cogerles de todo menos cariño. Esto tiene mucho que ver con el debate del corpus: ¿qué obras españolas deben los estudiantes de secundaria conocer? ¿de cuáles deben examinarse?.

Este sería un tema muy interesante del que opinar y del que dar propuestas alternativas (si es que pensamos que el corpus debería modificarse).

Os recomiendo la lectura al respecto de "Lectura y lectores en la ESO. Una investigación educativa", de Isabel Tejerina Lobo (dir.) y Borja Rodríguez Gutiérrez (coord.), publicada en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.